impaciente corazón,
centraré mis fuerzas
y convocaré mi valor,
para lograr la voluntad
tan ansiada de volar -
con todos los colores de la vida.

El momento es ahora.
ima no watashi wa anata no shiranai iro

domingo

Fragmentos #3

Y pensar que el día que era para celebrar un mes más de nuestro amor, escribí en llanto lo siguiente:

Enri:
No te imaginás lo que me cuesta comenzar a escribir estas palabras... Por momentos, creo que las escribo contra mi propia voluntad; como un títere en una obra, siguiendo el guión escrito por el titiritero.
Y eso es lo que siento que soy desde ese día que elegiste decirme que no sabías lo que sentías por mi.
En ese momento tuve un coraje que vengo intentando desesperadamente recuperar; me levanté, y me fui. Me preguntaste, como si realmente no supieras, por qué saludaba a los gatos como si no fuera a volver. Yo, en ese momento, lo entendía claro, pero no lograba decirlo. Porque, decirlo, implica confirmarlo, aun ahora. Quedamos, entonces, por algún motivo, en vernos el viernes. Y no hablamos en los días siguientes. Creo que sos mejor que yo en eso de engañarse a uno mismo. El viernes necesité llevarme toda mi ropa. Le pedí a alguien del trabajo que me acompañara... Tenía dudas de poder llevarlo a cabo si iba sola.
Después, pasó lo que pasó. Llegaste, y caíste en cuenta de eso, que aún ahora me cuesta decir. Pero yo dudé. Vi esperanza donde no la había y te dije de salir igual. Y la pasamos bien.
Estos últimos días fui feliz de nuevo por momentos. Peor aun, vi luz donde no la había. No es todo ilusión mia; vi luz donde podría haberla, donde está todo para que la haya. Aunque una quiera convencerse de que puede llevar la situación, tus sonrisas, tu cariño, tus avances... Me convencí de que de hecho, no te disgustaba la posibilidad de ser feliz conmigo; de vivir juntos, de compartir nuestros sueños, y apoyarnos en nuestros momentos de frustración.
Nos seguimos viendo, seguimos hablando. Quedamos de ir a algún lugar dónde pudiéramos hablar sin discutir... Una suerte de terreno neutro. Salimos de la consulta de admisión, llamé a la psicóloga a la que ibamos a ir. Me dijiste que si tenía para el lunes, mejor.
Me dijiste muchas cosas estos días. Las alarmas, estaban. Yo no las quise escuchar.
Y ahora, acá estoy, escribiéndote, para decir las cosas que desearía no decir, que no fueran verdad; deseo, no te imaginás cuánto, despertar de golpe y que todo esto sea solamente un sueño horrible.
Y acá está el tema. Yo también me encontré en la situación que estás vos, de preguntarme si no sería feliz con alguien más. Si no me estoy privando de serlo, por insistir en estar con alguien con quien no me puedo comunicar. Muchas veces estuve cerca de decírtelo, y al final, nunca lo hacía. Supongo, que porque en el fondo, entendía que no se vuelve de eso. Que, aunque parezca un planteo con opciones, no lo es.
No me vas a dar la chance de que seamos felices, como sabés que podemos serlo, porque no querés. Porque preferís ser feliz con alguien más. Eso, ya lo elegiste, lo elegiste el momento que decidiste plantearme la situación, sabiendo en el fondo que no hay nada que yo pueda hacer que te haga cambiar de parecer.
La relación, ya cambió. Y eso, lo entendiste el Viernes, cuando llegaste y viste que mis cosas no estaban. Pasaron dos semanas y, a pesar de que la pasaste bien en todo el tiempo que estabas conmigo, elegiste seguir dándole el lugar a ese pensamiento que es tu camino a la libertad: "puedo ser feliz con alguien más".
Me destruye, no te voy a mentir; me destruye que esa cama ya no sea "nuestra" cama, que a partir de ahora sea tuya, para compartir tu vida, tu departamento y todo lo que, en esencia, era "nuestro".
Proyecté un futuro con vos; se plasmaba en los gestos, en la cotidianeidad, en mis ganas de irnos de viaje, en mi intención de cambiar el rumbo de la relación lejos del tedio del trabajo. De hacer cosas juntos, de querernos. Sí, Enri; incluso hijos.
Entendí tarde que, te perdí hace rato. Acepté tarde que tu decisión ya estaba tomada, a pesar de lo que yo pudiera hacer.
Ilusamente soñé que querés estar bien conmigo. Pero no es así. Cuanto más tiempo pasa, sólo te sirve para desapegarte de lo bueno que veas en mi, desterrándolo como algo indeseado.
Me vas descartando de a poquito, mientras te vas convenciendo de lo que te querés convencer; que no te alcanza para ser feliz ni te va a alcanzar.
Mientras tanto, yo, al costado, que hago y deshago en un intento de cambiar la situación de rumbo. Soy una espectadora, no dirijo este guión que escribiste con un único final posible.
Ya lo entendí.
Te amo, Enri.
Adiós.

Ya no tiene sentido. Porque forzaste en palabras, por teléfono, mi adiós.
Me despediste ese lunes, con una mirada que ya me decía todo. Me llamaste el jueves, "chu". Por qué, si no me amás, forzaste hasta el último momento esas palabras? Por qué, si no te nace decirme "te amo", me decís "amor"?

Será otra la carta que te escriba... Será?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

por acá vas a la nave espacial